Restaurante en Castelldefels La Canasta since 1976

El restaurante de Castelldefels La Canasta comienza a latir en el cuerpo de un local en ruinas que hizo una metamorfosis sorprendente en poco tiempo. Se convirtió en una casa blanca, muy blanca, con redes de pescadores colgadas de las paredes, lámparas con ojos de buey de mimbre. Algo así como Ibiza en Castelldefels. Blanco, coqueto, bonito.

Canastitas las bases donde se servían los pescados, canastitas las lámparas, la base de las paellas y el caldero de arroz, de allí vino el nombre, no había que rizar más el rizo.

De ese antiguo local sólo queda la toba catalana, tan artesanal como la magnífica cocina de pescador, fiel a los sabores esenciales. Natural, fresca, local y si no fuese un acto de soberbia, diríamos que perfecta. Sin exagerar, basta probar un solo bocado de paella, para sentir una experiencia única.

El restaurante nacido en buena cuna en 1976 recién se consolida a partir del ’85 cuando se afianza Castelldefels como ciudad turística. La Canasta es un referente turístico del cual dan cuenta las guías internacionales, Michelín, y los miles de turistas que vienen a visitarla desde los lugares más lejanos del planeta. La historia sigue, los cambios continúan, y de los relatos de antiguos pescadores sólo queda algún nostálgico vecino, de los que saben y dicen.

En esa época Castelldefels era una ciudad extendida con unas zonas residenciales, un centro pequeñito, la fábrica de amianto y uralita, La Rocalla, y el mar coronado por algunos chalets.

El frontal de la playa tenía chiringuitos, y los campings estaban a la orden del día. Los más fieles enamorados del lugar hicieron su segunda residencia. Desde entonces, estos clientes continúan celebrando sus aniversarios, sus titulaciones, sus nietos y las bodas de sus nietos en La Canasta. Para el Restaurante La Canasta, su activo más preciado.