El Rey del Mambo

Allá, por los ochenta, en la mesa número seis se sentaba un hombre que más se parecía a los amigos del clan Sinatra, que a los clientes con elegancia a la europea de restaurante La Canasta. Aunque sin dudarlo, quien daba la nota era su acompañante, una platinada de starsystem, ceñida en un apretado pantalón negro y una blusa más que escotada. Hasta que los ladridos del pequeño chihuahua que descansaba sobre el hombro izquierdo del comensal en cuestión se llevaba todas las miradas.

Miguel Yepes hacía la comanda a los clientes por igual, pero en este caso había una cierta y especial complicidad que iba creando miradas un tanto posesivas entre sus mimados clientes.
Y qué más se podía hacer con el mismísimo Rey del mambo, el que deleitó en los salones más exquisitos de la época con su orquesta tropical, y aquellos músicos de mangas anchas, con volados exagerados, al ritmo del chachachá.

Xavier Cugat , de quien hablamos, pasó sus últimos años en el hotel Ritz de Barcelona. Lo sostenía allí la venta de su Rollsroyce, pero cuando ya iba quedando por los neumáticos, Miguel Yepes y algunos amigos organizaban subastas para vender sus cuadros, y de este modo ayudar a sufragar algunos placeres que a los noventa años, todavía quedan permitidos.

L a Canasta en sus 35 años se da el lujo de recordar a Xavier. Fue quien enseñó a Miguel a mirar. Desde un cuadro hasta un plato. Fondo, figura, punto de fuga, armonía, movimiento, luz. Fue quien trajo a La Canasta, el perfume de esa América  europeos de los ochenta. Es por eso que hay una sala y un café que llevan su nombre.